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¿Donde está el éxito?

Autor: Olga Fernández - 12/09/2018

Hay miles de palabras con un valor social, con una comprensión social ampliamente entendida, como lo es ÉXITO.

La relacionamos muchas veces con personajes públicos o resultados reconocidos por un amplio número de personas de un colectivo, población o territorio. Lo encontramos en el deporte, en la cultura,...

No cabe duda que alcanzar una medalla olímpica es un gran éxito que requiere un súper esfuerzo y pasión conseguirla. Pero el ser humano siempre se está comparando y no todos somos atletas olímpicos ni científicos de formulas milagrosas. Parece entonces que tenemos consciencia de nuestros éxitos. Todo juicio de valor requiere de un elemento con el que se compara. Es imprescindible, de necesidad, interiorizar el ejercicio de compararnos con nosotros mismos.

Somos únicos por genética, por alma, por verdad universal. Podemos modelar cualidades nuestras porque admiramos aspectos de personas con logros parecidos a los que deseamos, pero esto no nos tiene que desorientar de donde estamos, de por donde estamos empezando. Incluso hay que considerar el factor de lo que no sabemos aún de nosotros mismos.

El éxito no tiene ni unidad de medida ni comparativa. ¿Cómo medimos el orgullo? ¿Cómo medimos la plenitud? no hay unidad de medida para eso, solo hay emoción de sentirlo, sólo hay logros personales.

Esta foto habla del exito.Y dirás ¿POR? 

Quiero compartir contigo un ejemplo de éxito. El hombre de esta foto estuvo con numerosos tratamientos de quimioterapia durante casi tres años. Cada quince día acudía al hospital a por el tratamiento y durante la semana que seguía a esa sesión cada día era supervivencia, dolor corporal y montaña rusa de emociones. En lo que duran estos siete días de vivir los efectos primarios y secundarios, de enfermedad y medicina, ÉL hacia planes para la siguiente semana porque era cuando los síntomas seguían siendo pero eran menores. 

Esa era su verdad, una semana fatal y una regular, y en la regular cumplía sus propósitos; su fotografía, sus paseos con sus nietos, su trabajo, su ... su todo. Una sí y una no, pero todos los días agradecido a un día más. 

Éxito, sí, éxito es el título y copa que gana un campeón del deporte. Y ÉXITO es ganarle a la mente cuando circunstancias, mente y enfermedad te vienen a visitar cada día y cada dos semanas se ponen peleonas, y pese a todo eso: DAS GRACIAS A TENER UN DÍA MAS DE VIDA Y LO HACES VIVIENDO AL 101 % RESPECTO AYER.

El éxito de este hombre es este, pero el tuyo es igual de pleno si tomas consciencia de él.

Los padres que educan y "juran y perjuran: te tirare los juguetes como no recojas" pero se superan reconociendo al niño por ser como es, y a la mente por ser la maquina de frases "a veces absurdas". 

Los empleados que dan su mejor versión al cliente aunque aún no se les reconoce económicamente su labor, se superan porque no se comparan con lo que ganan, se comparan con lo que aportaron ayer y hoy lo harán mejor aún.

La cuidadora de ese familiar dependiente que se acostó cansada y triste pero esta mañana le dió el desayuno con más amor porque el cansancio de ayer ya no importa en ese cruce agradecido de seres humanos que se aportan el uno al otro.

Éxito, sí, un éxito ver el sol cada mañana. Gracias a los éxitos, gracias a seguir vivos después del error de ayer, gracias a lo que te enseña la equivocación que te permite el éxito de tener un día más de vida. 

La vida no duele, la vida se vive. Las emociones se sienten en la piel y en el alma porque tener la oportunidad de sentirlas es un éxito. 

Reinterpreta las palabras que usas desde la perspectiva de compararte contigo mismo. Si no eres atleta profesional sufrirás innecesariamente por no haber hecho una maratón, y si te comparas con lo que están pasando guerras y hambre se te baja la vibración pronto porque tampoco es tu entorno habitual.

¿Cual es tu éxito de hoy? ¿cual será tu éxito de mañana? regálate un minuto para cada pregunta. Permítete a ti mismo la pregunta y la respuesta.

Para tener éxito solo necesitas 24 horas de un día y compararte contigo mismo

 

Olga Fernández Arellano

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